¿Cuál es la importancia del día del orgullo gay?

Homosexual, lesbiana, maricón, marica, mariquita, tortillera, bollera, gay… son algunos de los muchos epítetos se utilizan para definir y –en la mayoría de las ocasiones– descalificar a una persona o a un “colectivo”.

Incluso cuando no se trata de claros insultos con intención de ofender, en nuestro lenguaje cotidiano suelen aparecer expresiones en tono jocoso —como si fueran inocentes bromas—, pero que pueden no ser así percibidas por nuestros interlocutores. Con una sonrisa forzada, quien con nosotros está, puede estar sintiendo una vez más la punzada del estigma en su estómago.

Sí, con frecuencia es cierto aquello de que no hay broma inocente. Sin darnos cuenta encapsulamos en una sola palabra toda una actitud que todavía perdura en nuestra sociedad. A menudo se expresa —consciente o inconscientemente— la intolerancia, la irreverencia a las diferencias que por desgracia nos caracterizan como grupo social. El legado judeo-cristiano y la ideología que subyace al heteropatriarcado.

Nos parece indignante y muy triste que todavía —en este supuesto mundo civilizado— existan personas que tengan que sufrir el martirio y la tortura cotidiana de vivir acosados por no ser heterosexuales. Encima, los más intolerantes creen que están rodeados de personas “normales”, que la homosexualidad, bisexualidad, transexualidad, intersexualiadid, etc., le es ajena y no forma parte de su entorno —sin querer aceptar que conviven con homosexuales que no se atreven a salir del armario, por dar un ejemplo—. Cualquiera se atrevería en un medio que sigue siendo hostil en muchos lugares y para demasiadas personas.

Recordemos que la OMS es rotunda sobre este tema y ningún profesional de la salud —basándose en los sistemas de clasificación de enfermedades universalmente aceptados— puede diagnosticar la homosexualidad como una patología. Y, por lo menos en la España de hoy, la ley prohíbe las terapias que tienen como objetivo “curar” la homosexualidad o lo que no sea heterosexualidad.

Lamentamos decir que es sorprendente la facilidad con la que a veces se da por sentada la tolerancia hacia las personas que no conforman la heterosexualidad. La intolerancia sigue haciendo acto de presencia con mucha más frecuencia de la que debiera ocurrir en el mundo del siglo XXI.

El intento de imponer el modelo heterosexual —aunque sea inconsciente o subliminalmente, como hacen muchas personas— se denomina “heterosexismo”. De éste se desprende la homofobia, la cual es una mortal realidad en algunos países. Existen 70 países en el mundo en los que la homosexualidad, por ejemplo, es ilegal. De éstos, en 26 la condena máxima por estos actos puede variar entre los 10 años de prisión y la cadena perpetua. En otros 31 países se castiga hasta con 8 años de cárcel. Por lo tanto, es posible decir que en 1 de cada 3 países es peligroso mostrarse como miembro de la comunidad LGTBI.

En 68 naciones existen leyes que de forma explícita prohíben los actos sexuales consensuados entre personas del mismo sexo y otros 2 los criminalizan de facto. Asimismo, hay jurisdicciones que no forman parte de los Estados miembros de la ONU y que castigan las conductas no heterosexuales, como Gaza, las Islas Cook y ciertas provincias de Indonesia.

Al menos 32 países han impulsado medidas para limitar la libertad de expresión, tales como la “promoción” de las relaciones no tradicionales. En 41 naciones se imponen una serie de obstáculos a las organizaciones LGTBI para ser legalizadas o trabajar en pos de la igualdad.

Muy cerca de casa, algunos de nuestros pacientes acuden a consulta bastante afectados por temas de homofobia. Un caso en concreto es el de un chico que ha sufrido sistemáticamente el acoso homófobo por parte de algunos hombres del gimnasio al que acudía con regularidad. Se trata de un hombre apuesto, con apariencia varonil y un talante agradable, bastante educado y respetuoso. Vivía en un pueblo muy cercano a la ciudad de Valencia. Por alguna razón, en el gimnasio sospecharon —o se enteraron— de que él es gay y a partir de ahí le hicieron bullying hasta que prefirió dejar de acudir a entrenar. A pesar de que dejó de ir al gimnasio, el acoso ha aparecido de otras maneras más sutiles en el reducido pueblo. No es de extrañar que nuestro paciente lo haya pasado realmente sin tener ninguna culpa y que se haya visto muy afectado psicológicamente. El daño que ha experimentado es realmente lamentable e innecesario.

Es éste un ejemplo que puede representar la vida diaria de algunas personas no heterosexuales en nuestra sociedad. El día del orgullo LGTBI se refiere a un movimiento mundial y a una filosofía que alienta a estas personas a sentirse orgullosas de su orientación e identidad sexual. Promueve el trabajo en pos de los derechos humanos y la garantía de los derechos para todas las personas. Una importante reivindicación de este colectivo es que la orientación sexual es inherente a las personas y que no se puede cambiar de forma intencional.

Ojalá que pronto podamos ver el día en que todo esto sea innecesario y que no tengamos que subrayar que existen personas marginadas debido a su orientación sexual, cualquiera que sea ésta. Los prejuicios pueden llegar a causar mucho daño y a crear víctimas inocentes.

Este año se cumplen 50 años de los disturbios en el bar Stonewall, en Nueva York, que dio lugar a la celebración del orgullo LGTBI y la defensa de los derechos de este colectivo.

Para terminar, es importante mencionar que, a día de hoy, en el lado positivo, 26 países reconocen el matrimonio entre personas del mismo sexo y 27 han regulado las uniones civiles. Mientras que 72 naciones tienen leyes que protegen a las personas no heterosexuales de ser discriminadas en el trabajo y 39 poseen normas que castigan loa incitación al odio, la discriminación o la violencia contra una persona por razón de orientación sexual. Otros 28 países conceden el derecho a que estas personas adopten.

 

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