Mitos sexuales y discapacidad

            Coexistimos con multitud de mitos acerca de todos los aspectos de nuestra vida ‒salud, alimentación, trabajo, género, economía…‒, muchos de los cuales condicionan enormemente y de forma negativa nuestro modo de pensar y actuar. A veces sin que seamos realmente conscientes de ello.

            La sexualidad no iba a ser menos al constituir uno de los temas con más cantidad de mitos y tabúes. De hecho, muchos de los problemas que se ven en terapia sexual y de pareja tienen algún que otro mito presente. Generalmente, el mito en cuestión origina y mantiene una conducta disfuncional que alimenta dicho problema, siendo entonces necesaria la reestructuración cognitiva de estas creencias.

            Sin embargo, si ahondamos todavía más en los mitos sobre la sexualidad, descubriremos que ‒por desgracia‒ donde más arraigados están es en diversas situaciones relacionas con la discapacidad física o psíquica.

Veamos algunos de los más habituales:

            1. “A las personas discapacitadas no les interesa el sexo, son asexuadas”; FALSO. El cuerpo de una persona con discapacidad física ‒por ejemplo, personas con miembros amputados‒, personas con discapacidad intelectual ‒como pueden ser algunos casos asociados al Trastorno del Espectro Autista o TEA‒ responde a la necesidad sexual igual que lo hace el de una persona neurotípica. Esto se debe a una condición de vida inherente al ser humano. Al igual que las personas neurotípicas, estas personas también tienen intereses, deseos, necesidades de vínculos afectivo-sexuales y de sentirse atractivos y deseados por otras personas.

            2. “No se puede realizar educación sexual con la mayoría de personas con discapacidad física o psíquica”: FALSO. Es, de hecho, más necesaria todavía una educación sexual adecuada para personas con discapacidad ‒sobre todo en casos de discapacidad intelectual y algunos asociados al TEA), ya que, a pesar de sus posibles limitaciones, pueden asimilarla y aplicarla perfectamente a su vida cotidiana. Es así que pueden tener una experiencia sexual de calidad. El error más común está en reducir la educación sexual a la prevención de Enfermedades de Transmisión Sexual o ETS y de embarazos no planificados, olvidando con frecuencia a las personas no normo-típicas.

            3. “Las personas con discapacidad no son atractivas y, por lo tanto, no pueden proporcionar placer”: FALSO. Que muchas personas con discapacidad no encajen en los cánones de belleza que nuestra sociedad impone constantemente, no quiere decir que no puedan resultar atractivas para nadie. Este proceso no depende solamente del aspecto físico. Ni tampoco así la capacidad de dar y recibir placer. Este tipo de mito está más extendido en personas con rasgos físicos concretos como, por ejemplo, el síndrome de Down, en personas con prótesis en alguno o varios de sus miembros, individuos con labio leporino, síndrome de Prader-Willi…

            4. “Las personas con discapacidad no son capaces de controlar su sexualidad y representan un peligro para el resto”: FALSO. Evidentemente, al ser seres sexuados como cualquier persona, sienten sus impulsos sexuales de igual manera. Si no se les ayuda a conocerlos, comprenderlos y controlarlos, no pueden saber distinguir entre expresiones de afecto y prácticas sexuales, ni tampoco cuáles se pueden dar en público y cuáles deben ocurrir en privado. Esto es especialmente importante en personas con discapacidad intelectual.

            Por supuesto, en nuestra cultura existen muchas más mitos y creencias erróneas acerca de la sexualidad. Todas ellas crean con frecuencia una barrera demasiado grande para ser ignorada por los profesionales que pueden ayudar a reducirla, como son psicólogos, sexólogos, maestros de educación especial, sanitarios… Esta labor es muy importante ya que, como seres humanos, todos necesitamos y tenemos derecho a sentir y disfrutar sin trabas nuestra sexualidad.

Autora: Alba Muñoz Fernández (Psicóloga y Sexóloga)

Créditos de la imagen; María Ciocnadi y Emedièfeme

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